Sin rodeos

A la vista está y los hechos lo confirman: el sindicalismo como tal no ha podido superar aún su crisis organizativa especialmente evidenciada tras la singular ofensiva del sistema capitalista y sus agentes  para que las organizaciones de los trabajadores perdieran su brío y cohesión. Este hecho, no casualmente, aparece  acompañado de la implantación de un amplio número de medidas legislativas para multiplicar los beneficios empresariales mediante el extremo esfuerzo productivo de los trabajadores, la regresión en la calidad de empleo y la caída de salarios y de los derechos laborales. Pero también restringiendo la influencia social de los sindicatos con la exclusión de los legítimos representantes de los trabajadores en su importante papel institucional y en la negociación colectiva, hurtándoles así su esencial cometido social en  el apuntalamiento de las libertades y el progreso social. Como efecto colateral, ahí está la visualización de las crisis existentes en el seno de las organizaciones sindicales que,  de alguna u otra forma, tiene mucho que ver con la situación de desorientación que sufren sus estructuras orgánicas y los palos de ciego de sus dirigencias en una situación laboral y social inesperada y extremadamente lesiva y a la que estarían obligadas a dar ya una firme respuesta. No hacemos distingos en este análisis entre los sindicatos canarios y españoles, y aunque en la actual vorágine se recurra con frecuencia a aquella máxima cainista de “tu peor que yo”, urge una reflexión y una rápida reacción de cohesión y de recuperación de fuerzas ante el creciente empoderamiento empresarial y la acelerada desigualdad social que nos está llevando al mayor retroceso que se recuerda en los derechos del conjunto de la clase trabajadora, pero especialmente al de los asalariados pertenecientes a nuestra  Nación Canaria.   

El 12 de diciembre, hace 40 años, durante una huelga general laboral en Tenerife, la Guardia civil asaltó el campus universitario de La Laguna realizando hasta unos 300 disparos, uno de los cuales alcanzó por la espalda al estudiante grancanario Javier Fernández Quesada que le causó la muerte en el acto. Ni los responsables gubernamentales en ese entonces, Martín Villa o Luis Mardones, ministro del Interior y gobernador civil respectivamente, ni los mandos del cuerpo armado que dirigieron la operación criminal, Antonio Encinas, Manuel Palau y Manuel González, recibieron amonestación o castigo alguno. Al contrario, luego, además de condecorados fueron alevosamente ascendidos. Se escribe así la historia real en nuestra nación canaria, atribulada por interminables y perennes injusticias laborales y sociales, pero también con sus mejores y más comprometidos hijos vilmente aniquilados por la bestia de color roja y gualda y sus sicarios con residencia en las islas. Hoy renovamos el compromiso con los objetivos libertarios de nuestro joven mártir y alzamos también nuestra voz obrera y trabajadora para repetir: ni olvido ni perdón.

No hace mucho Clavijo utilizaba durante sus viajes al exterior los bajos salarios de los trabajadores canarios como reclamo para que los empresarios foráneos invirtieran en Canarias. Esos miserables salarios que son la consecuencia de la desaforada concentración de beneficios de las empresas que en Canarias ni pagan ni crean empleo, produce ahora tardía e inesperadamente la atención de Clavijo para, cariñosamente, aconsejar a la patronal que pague algo más a sus empleados.  La reacciones de la avariciosa y cavernaria patronal asentada en las islas no se he hecho esperar con perlas tales como que antes de incrementar los sueldos, el gobierno tiene que adjudicarles mayor número de servicios provenientes de lo público, o aquella otra, de que es una falacia que en Canarias hayan tantos pobres como dicen los indicadores y estudios. Pocas horas después el mismo  gobierno que ha promovido y animado la despreciable actitud empresarial, reconocía que tras haber iniciado una campaña inspectora, cerca de la cuarta parte de los trabajadores de las islas soportan condiciones abusivas e ilegales impuestas por la patronal. Vamos, que no sólo la mayoría de la clase empresarial en Canarias paga los perores salarios y acumula los más altos beneficios, sino que además la actividad delictiva y el desprecio por los derechos humanos y laborales se confirma como su enfermizo modus operandi.

Un 17% de subida salarial para los próximos cuatro años, además de clausulas contra la precariedad laboral y especialmente para las camareras de piso, son las mejoras que destacan en el Convenio Colectivo  del sector de Hostelería del archipiélago Balear firmado recientemente por CC.OO, UGT y la patronal. Por contra, las clausula de convenio del mismo sector en Canarias, cuantifica la revisión para el mismo periodo cuatrienal en un miserable 5,75%.  Ante esta contradictoria realidad, surgen las preguntas de perogrullo del por qué los mismos sindicatos utilizan tan diferente raseros en el trato a los trabajadores de ambos archipiélagos, pero también cómo es posible que las mismas firmas hosteleras, (además de la cavernícola patronal canaria) y en contraste con lo que hacen en Las Baleares, mantengan tal salvaje y egoísta forma de entender el reparto de la riqueza y los beneficios que generan sus empleados.  Para mayor escándalo, los beneficios empresariales de la hostelería, son mayores en Canarias que en el archipiélago del Mediterráneo. Y todavía hay algunos que se escandalizan cuando, acertadamente, se denomina colonial la situación económica de Canarias.

Un 17% de subida salarial para los próximos cuatro años, además de clausulas contra la precariedad laboral y especialmente para las camareras de piso, son las mejoras que destacan en el Convenio Colectivo  del sector de Hostelería del archipiélago Balear firmado recientemente por CC.OO, UGT y la patronal. Por contra, las clausula de convenio del mismo sector en Canarias, cuantifica la revisión para el mismo periodo cuatrienal en un miserable 5,75%.  Ante esta contradictoria realidad, surgen las preguntas de perogrullo del por qué los mismos sindicatos utilizan tan diferente raseros en el trato a los trabajadores de ambos archipiélagos, pero también cómo es posible que las mismas firmas hosteleras, (además de la cavernícola patronal canaria) y en contraste con lo que hacen en Las Baleares, mantengan tal salvaje y egoísta forma de entender el reparto de la riqueza y los beneficios que generan sus empleados.  Para mayor escándalo, los beneficios empresariales de la hostelería, son mayores en Canarias que en el archipiélago del Mediterráneo. Y todavía hay algunos que se escandalizan cuando, acertadamente, se denomina colonial la situación económica de Canarias.

 

 

A no ser que se deba a una extraña estrategia que no alcanzamos entender, la actual acción sindical de CC.OO y UGT está dejando cada día más huérfanos a los trabajadores canarios. Es sabida la existencia de una campaña de embates contra el movimiento sindical en el que participa el Gobierno y el conjunto de organizaciones capitalistas para neutralizar una respuesta a la ola de recortes laborales y sociales. Nuestro sindicato tampoco escapa a está a esa sucia campaña, pero lo que no se entiende es el acobardamiento de dos organizaciones que ostentan disponer de mayoría sindical en las islas. Tras dejar en suspenso la protesta anunciada en la Hostelería contra la precarización laboral, vuelven ahora a implorar al gobierno Clavijo una incomprensible concertación a quien se ha demostrado fiel servidor de la clase empresarial y cuya principal gestión de gobierno sigue siendo dirigida a enriquecer más y más a la embrutecida patronal insular. La servidumbre ante sus adversarios que se percibe en la dirigencia sindical españolista no sólo no va a hacer mejorar la situación de sus afiliados, además provocará un mayor afianzamiento de las posiciones de la patronal contra los trabajadores y animará al Gobierno a practicar, junto a los empresarios, actitudes más despóticas si cabe, incluso con la fabricación de conflictos organizativos internos que continúen debilitando a las organizaciones de los trabajadores. Si buscan oxígeno, el Gobierno y la patronal, les dará, antes o después,  una buena dosis de gas letal.

Juan Brito

Juan Brito nos deja un valioso legado de actividad cultural y patrimonial

El miércoles, 14 de febrero, falleció el singular lanzaroteño, Juan Brito, un pastor y agricultor que complementó de forma autodidacta con un destacado trabajo de recuperación y promoción de la historia y el patrimonio cultural de su isla. Nacido en el municipio de Tinajo hace ahora 98 años, su prolífera actividad se extendió por los campos de varias ramas de la artesanía, de la arqueología, la investigación y el folklore, habiéndonos dejado un amplio legado para el conocimiento y la preservación de la identidad y la cultura de su isla y del Archipiélago.

Juan Brito, recibió en el año 2003 la Medalla de Oro de Canarias por la defensa de las tradiciones del País Canario.